Vivienda con fines Turísticos – completa VFT/JA/00300
TU ALOJAMIENTO POR LOS CERROS DE ÚBEDA
EN UNA CASA DEL SIGLO XVII
Encantadora casa señorial edificada en el siglo XVII, acogedora y tranquila en pleno corazón del Centro Histórico nos sumerge en la época dorada del Renacimiento.
Su excelente localización permite visitar cómodamente los numerosos monumentos que se van sucediendo entre iglesias, museos y palacios mientras paseamos por bonitas plazas e intrincadas callejuelas, las mismas por las que anduvo Miguel de Cervantes, San Juan de la Cruz o la mismísima Reina Isabel la Católica. Por supuesto no faltan en la zona tiendas, cafeterías, bares y restaurantes para reponer fuerzas y degustar las excelencias de esta tierra que nos ofrece sus productos locales y una variada artesanía.
Esta vivienda con fines turísticos es ideal para una aventura en familia, un reencuentro de amigos o una reunión de empresa o negocios.
[Poema dedicado a esta casa por el poeta Juan Manuel Medina]
«Entre callejuelas empedradas y angostos recovecos de un tiempo pasado, que sobrevive a pesar del viento y de cada noche con sus estaciones, una casa noble se levanta apaciblemente para colmarnos de historia, de sueños atormentados por injustos y de una belleza inusitada que estremece la mirada de quién la mira, piedra sobre piedra, en un extremo de la ciudad de los cerros, en mitad de la loma, desde Úbeda la Vieja y señorial que reina entre un mar de olivos con sus plazas y esquinas renacentistas; esa casa noble que desborda el deseo de sentirse acogido por sus muros de piedra y sus vigas de madera la vida, que se alzan como una lumbre y nos alumbran en las noches de vino y esperanza; recibidos por sus dos columnas que nos dirigen la mirada escaleras arriba, para elevarnos a las estancias que salen a nuestro paso, a cada paso, en un vaivén de sensaciones amables y de alguna mueca de asombro o de sorpresa inesperada; y por fin los tejados… alfombra de las nubes y de los rayos de la luna, como un remanso de silencio en cualquier tiempo que resguarda el olor a azahar que sube desde este patio escondido del frío y del invierno, y que baja de los cerros avisando a las chimeneas encendidas.»







